viernes, 13 de noviembre de 2009

Deseo

Estaba oscuro, muy oscuro, tan sólo se veía un resplandor, un resplandor brillante, que brillaba exageradamente y que era difícil de describir, ya que era taaaaaaaaaaaaaan bonito que no tenía palabras para expresar cómo era aquello.

Miré para todos lados, estaba sola, al menos, así me sentía, sola entre tanta oscuridad y un bonito resplandor. Un resplandor que estaba a millones de km de mi, pero que hacía que me sintiera bien, importante, y no tan solitaria, aunque lo seguía estando.

Cada vez que cerraba los ojos, soñaba contigo, te veía a ti. Amarrado a esas cadenas que te hacían tan excitantes. No sé como explicar aquella sensación que recorre en mi cuerpo, en mi interior, cada vez que te veo, de esta forma, tan...excitante, tan...sádica. Esa cara de placer del sado, esos ojos tan perfectos pintados de negro.

Dios...por qué eres tan perfecto? Y por qué no puedes ser mio? Por qué la Luna no me complace de tal manera? Cada vez que la veo, me acuerdo de ti. Eres tan perfecto, disfrazado de algo que no puedes ser pero que sin embargo me gusta. Estás tan guapo de esta forma. Hasta las uñas te quedan bien así.

No sé quién te habrá inventado, no sé quién te habrá ayudado para llegar hasta ahí, pero quien lo haya echo, lo ha conseguido. Ha conseguido enamorarme de ti.

Es que estás tan perfecto!! Será la Luna que me hace verte así? O seré yo que me he enamorado de la persona equivocada?

De repente abrí los ojos, pero no porque no te quisiera seguir viendo para no sufrir, sino que fue porque sentí algo, sentí como si me rozaran el brazo. Estaba tumbada en el césped. Lo primero que vi al abrir los ojos fue a la Luna, aquel resplandor que me hacía sentir viva cada vez que la miraba y que me hacía pensar y sentir que tú estabas allí, que te quería, que te amaba.

Me alcé, miré a un lado, a otro...pero nada...habrían sido imaginaciones mías? Habría sido alguna hoja a causa del viento? Pero si ni siquiera hacía una pizca de aire!!

De repente, sentí un escalofrío que me recorrió todo el cuerpo, empezando por los pies y acabando por la cabeza. Noté cómo me besabas el cuello, sentí que me deseabas. Empecé a sentir un placer intenso. No quería que aquello tan maravilloso parara. Cerré los ojos y me dejé llevar. Disfruté de cada momento. Lo hice todo mío. Lo hicimos todo nuestro.

Después, comenzaste a subir hacia arriba. Te deseaba tanto que quería hacerte disfrutar al máximo. Empecé a besarte, empezamos a besarnos intensamente. Te quité la camiseta, y tú a mi la mía. Te deseaba demasiado. Era todo taaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaan real. Era todo tan perfecto...

Tú, el chico con quien yo siempre había soñado, quién estaba ahí cada vez que lo necesitaba, quién me ponía a cien, quién jamás quiso nada conmigo. Tú estabas ahí, tú querías hacerme tuya. Estabas deseándolo. No parabas de besarme, me quitaste el sujetador, y me besaste cada uno de mis pechos como si jamás se lo hubieras echo a nadie.

Me desabrochaste el botón del pantalón. Me lo bajaste poco a poco, mientras me besabas por todo el cuerpo. Me alcé, te besé, después bajé para bajo, sin dejar de besarte cada una de la partes del cuerpo, siguiendo por tu cuello, por un pecho, por el otro, por todo tu tronco, ombligo, siguiendo para abajo, te bajé los pantalones, mientras seguía por tus piernas, aquellas perfectas piernas que eran indescriptibles.

Seguí hacia arriba de nuevo, ya sólo me faltaba quitarte la última parte de tu prenda, la que más placer me daba. Te miré, con cara de deseo. Estabas tan excitado, que en tus ojos pude ver el deseo de que siguiera adelante. Te quité los calzoncillos y comencé a chupártela, a desearla, ha hacerla mía.

Te gustaba tanto, que no parabas de gemir, de disfrutar, de desearme. De repente, te levantaste y me tumbaste, mientras me besabas con deseo. Seguiste para abajo, otra vez con mis pechos, y seguidamente llegaste a mi tanga, un tanga negro de rejilla, transparente. Comenzaste a morderlo y quitármelo con los dientes, cosa que aún me ponía más.

Te pusiste a cuatro patas, mientras me seguías besando por todas partes. De repente te agarré de la espalda mientras habría mis piernas. Y...dios...comenzamos a gritar, a desearnos, ha hacernos nuestros. No quería que aquello acabara, no quería dejar de sentir aquel deseo tan grande que sentía por ti.

Quería ser tuya, que me hicieras tuya, y que te sintieras con muchas ganas de ser mio.

El gusto nos fue penetrando, nos fue entrando por cada uno de nuestros poros y venas, hasta que al final...vimos la luz.

Fue todo tan maravilloso, todo tan bonito...

Abrí los ojos, quería acariciarte, ver tu rostro y decirte lo mucho que te quería, lo mucho que me había gustado aquel momento y lo mucho que te deseaba. Pero entonces todo se acabó. Me miraste, me besaste y te fuiste.

Abrí los ojos, y vi la Luna. Le di las gracias, las gracias por todo aquello que había ocurrido en aquel momento, las gracias por haberme echo sentir lo que sentí, las gracias por aquel maravilloso sueño, porque al fin de cuentas, todo había sido un sueño, ya que tu jamás serás para mí.

No hay comentarios: